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lunes, 15 de diciembre de 2014

El castigo

justa venganza
de una A menudo, me imagino nuestro planeta como un gran perro.
Sí, tal vez un mastín o un san bernardo, con 7.000 millones de incómodas pulgas. Pulgas que se alimentan de él, horadan su piel para anclar sus nidos, donde tener más pulgas; manchan su bello pelaje con desechos de todo tipo. A veces, este gran perro, se sacude, se rasca en señal de protesta y con ello se libera de unas cuantas, pero el resto siguen creciendo, multiplicándose, chupándole la sangre.
Tengo que reconocer que yo soy una de esas pulgas, y desde aquí reivindico que las pulgas tenemos derecho a vivir, a crecer, a criar más pulgas... Sin embargo, pensemos en respetar un poco más, a este perro bonachón que nos cobija y nos sustenta, no sea que un día, decida ir a por insecticida. 

Escuchas el silencio
de la urbe lejana,
recuerdos pretéritos,
la soledad te acompaña.
El tic-tac no acompasa
ningún tiempo venidero,
trazando un sendero,
que el ánimo menoscaba.
Continúas el camino
con un atisbo de esperanza
de no ser el único
que quede de tu raza.
Fue la especie humana
dueña de su destino,
la naturaleza reclama
por el trato recibido.
Ahora todo lo abarca,
tiñe con verde abrigo,
a esos que pensaban
no tener nunca castigo.
Espesa mortaja,
justa venganza
de una madre tierna
convertida en tirana.

5 comentarios:

  1. Una justa reivindicación que comparto contigo. Muy bueno tu poema, María :)

    Un beso!

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    1. Gracias Julia, tengo una etapa protestona ;)

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    2. Eso es sanísimo, no te prives! A veces protestar es terapeútico! :)

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  2. Pues sigue protestando, que no solo tienes razón y lo haces bien, sino que además usas la belleza para hacerlo literariamente. Me ha encantado, María.

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    1. Pues a protestar se ha dicho! Un abrazo Txaro

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