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viernes, 20 de febrero de 2015

Las luces de Rosa

Aquello no era normal, hacía días que no se hablaba de otra cosa, en la radio, televisión e incluso internet. Todas las mujeres cuchicheaban como locas.
Mi mujer no, siempre que escuchaba algo del tema, arrugaba el hocico y se quedaba muy callada.

- ¡Hoy toca sesión de cine! - dijo muy contenta cuando llegué del trabajo.

Me resigné a una comedia romántica,en el mejor de los casos, la otra opción era un romance almibarado, de los que no se cree nadie.

- ¿Has decidido qué vamos a ver? - le pregunté.

- "50 sombras de Grey"

No daba crédito, me quedé callado, con la boca abierta, totalmente desconcertado. Rosa me observaba, dubitativa.

- Bueno... es una sugerencia...si no te apetece verla, podemos ir a ver cualquier otra.

- No ,no - me apresuré a responder - Ésa está bien, es que pensé que no te interesaba.


A la salida del cine, Rosa permaneció callada.
Había estado expectante durante toda la película, sin observar la actividad que aquellas imágenes provocaban bajo mis pantalones. Llegamos a casa y su actitud no cambiaba, parecía avergonzada.

- ¿Qué te pareció la película? - le abordé el tema.

- Me... me gustó - dijo esquivando la mirada.

No esperaba menos de ella, mi Rosa, en veinte años de casados, no me había aburrido con ella en la cama ni un solo día. Me acerqué, haciendo alarde de mis dotes de seductor.

- Podríamos probar... - le dije con voz grave.

Una sonrisilla traviesa se dibujó en sus labios, mientras sus mejillas se tornaban rosadas.

- Sabía que te iba a gustar la película - me dijo casi en un susurro - y hace unos días compré algo para ti.

- Humm...¿Un látigo, una mordaza?¿Cuerdas? - le dije acercándome.

- Quédate aquí y lo traigo - me susurró, antes de entrar en nuestro dormitorio.

Mi excitación iba cada vez más en aumento, las imágenes de la película volvían a mi mente, me veía con Rosa poniéndolas en práctica. Los pantalones me apretaban y comenzaba a sudorar.
Rosa salió de la habitación, desnuda, con un collar en una mano, botas negras de tacón de aguja y...

- ¿Qué es eso? - dije horrorizado, señalando el enorme pene  pegado a sus bragas.

- Es para ti.







jueves, 30 de octubre de 2014

El closet

 -¡Tienes que dejarlo ya!-le recriminaba Matt a su hermana-Un día mamá se va a enfadar de verdad y nos la vamos a cargar los dos.

 -¡Es que tengo miedo!-protestaba Nelly.

 -¡Eres una tonta!¡Duérmete ya!

 Para Nelly era muy duro que su hermano se enfadara con ella, era el único que conocía el motivo por el que nunca quería dormir en su habitación.

 Diane, su madre, pensaba que era algo relacionado con que fueran mellizos, haber compartido el poco espacio del útero, el contacto continuo y esas cosas; así que, desde enero, que habían cumplido siete años, les insistía para que cada uno tuviera su espacio.

 Matt la apoyaba, protestaba y suplicaba tanto como ella, ante el cambio de habitación de su hermana, al menos, delante de su madre. Sin embargo, cuando estaban solos, se sentía molesto con las "tonterías" de su melliza y la presionaba tanto, o más, que Diane.

 -Matt...¿de verdad no lo oyes?-preguntó Nelly

 - ¡No oigo nada! Y no voy a mirar de nuevo dentro del armario, ya lo hice y no hay ¡nada!-dijo cortante.

 Nelly suspiró y se tapó la cabeza con la manta, intentando hacer oídos sordos a los susurros y arañazos que salían del armario. El único consuelo que le quedaba, era que su cama fuese la más alejada. A Matt, lo que hubiera dentro del armario no le quitaba el sueño y le había cedido a ella, la cama al lado de la ventana.

 Tardó en dormirse, como ya era habitual, mientras concentraba su atención en la respiración pesada de su mellizo, eso siempre la relajaba. No estaba sola, su hermano estaba allí.

 -¡Matt, Matt, por favor, despierta!

 El susurro de su hermana tenía un tono de urgencia, pero lo que realmente desconcertaba a Matt era otra cosa, el sonido no provenía de la cama de al lado.

 -¿Qué pasó?-preguntó también en voz baja-¿dónde estás?

 -¡Me quedé encerrada en el armario!¡Abre!

  Matt encendió la luz de la lámpara de noche, aún somnoliento, no podía despegar los párpados y la tenue luz le molestaba como mirar directamente al sol.

 La puerta del armario, había empezado a agitarse con impaciencia,mientras él se ponía en pie.

 -¡Matt, abre por favor!- gimoteaba su hermana.

 "¿Cómo se puede ser tan tonta?" pensó Matt con irritación.

 -¡Empuja la puerta,no tiene llave!-dijo encaminándose al armario.

 -¡Está atascada!¡Tengo miedo!

 Con una mueca de suficiencia y hastío, Matt tiró del pomo. La puerta se abrió dócilmente, pero Nelly no estaba allí. En su lugar, un profundo hoyo ocupaba el suelo del armario.

 Un gemido lejano ascendió por el agujero, parecía muy profundo, se arrodilló en la abertura y aún así no lograba atisbar el fondo. Ahora era él quien sentía miedo, posiblemente su hermana tenía razón y algo dentro del armario esperaba el momento oportuno de atraparla.
 
 Nunca le había creído, ahora tenía que ayudarla. Se puso en pie, y se giró hacia la habitación, acercaría la lámpara de noche a la abertura. Seguramente encontraría a su hermana agazapada y muerta de miedo, en el suelo del pozo.

 No había dado ni un paso, cuando unas huesudas manos salieron de la abertura, diez, veinte.
 Le tapaban la boca,sujetaban sus pies y sus manos y lo arrastraban hacia el orificio.
 Intentó asirse a algo,halaba con toda la fuerza del cuerpo,luchando por que no le arrastraran a aquel abismo.

 En la lucha, la lámpara de noche cayó de lado y rodó por la mesilla. Le ganaban terreno, eran demasiado fuertes, ¡eran demasiados!

 Lo último que pudo ver antes de caer, fue el haz de luz de la lámpara de noche,casi como una linterna enfocaba la cama de su melliza. Allí, Nelly dormía plácidamente.


 Tal vez, desde el principio lo habían buscado a él.