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domingo, 29 de octubre de 2017

EL AQUELARRE

Seis brujas se preparan, 
poco antes de la mañana,
noche de aquelarre y,
¡Qué viva el desmadre!
Entre ellas con pudor
se encuentra la joven Leonor,
encargada de la poción,
pero no presta atención,
víctima del fuerte licor,
de las seis brujas, afición.
La poca luz no ayuda,
tremendo error augura,
y de su lista de la poción,
la novata no da ni una.
De cuatro garrapatas,
echa un gato y cuatro ratas,
y de tres ciempiés,
un trébol del revés.
El caldero en ebullición
y comienza la reacción,
provocando una explosión
de color más bien azulón.
Poco a poco amanece,
y el pueblo enloquece,
las risas se crecen,
no provocan temor
pues brujas ya no,
saliendo del bosque
seis pitufos parecen.
                                                         
                                                             ¡Feliz Halloween, lectores!

jueves, 30 de octubre de 2014

El closet

 -¡Tienes que dejarlo ya!-le recriminaba Matt a su hermana-Un día mamá se va a enfadar de verdad y nos la vamos a cargar los dos.

 -¡Es que tengo miedo!-protestaba Nelly.

 -¡Eres una tonta!¡Duérmete ya!

 Para Nelly era muy duro que su hermano se enfadara con ella, era el único que conocía el motivo por el que nunca quería dormir en su habitación.

 Diane, su madre, pensaba que era algo relacionado con que fueran mellizos, haber compartido el poco espacio del útero, el contacto continuo y esas cosas; así que, desde enero, que habían cumplido siete años, les insistía para que cada uno tuviera su espacio.

 Matt la apoyaba, protestaba y suplicaba tanto como ella, ante el cambio de habitación de su hermana, al menos, delante de su madre. Sin embargo, cuando estaban solos, se sentía molesto con las "tonterías" de su melliza y la presionaba tanto, o más, que Diane.

 -Matt...¿de verdad no lo oyes?-preguntó Nelly

 - ¡No oigo nada! Y no voy a mirar de nuevo dentro del armario, ya lo hice y no hay ¡nada!-dijo cortante.

 Nelly suspiró y se tapó la cabeza con la manta, intentando hacer oídos sordos a los susurros y arañazos que salían del armario. El único consuelo que le quedaba, era que su cama fuese la más alejada. A Matt, lo que hubiera dentro del armario no le quitaba el sueño y le había cedido a ella, la cama al lado de la ventana.

 Tardó en dormirse, como ya era habitual, mientras concentraba su atención en la respiración pesada de su mellizo, eso siempre la relajaba. No estaba sola, su hermano estaba allí.

 -¡Matt, Matt, por favor, despierta!

 El susurro de su hermana tenía un tono de urgencia, pero lo que realmente desconcertaba a Matt era otra cosa, el sonido no provenía de la cama de al lado.

 -¿Qué pasó?-preguntó también en voz baja-¿dónde estás?

 -¡Me quedé encerrada en el armario!¡Abre!

  Matt encendió la luz de la lámpara de noche, aún somnoliento, no podía despegar los párpados y la tenue luz le molestaba como mirar directamente al sol.

 La puerta del armario, había empezado a agitarse con impaciencia,mientras él se ponía en pie.

 -¡Matt, abre por favor!- gimoteaba su hermana.

 "¿Cómo se puede ser tan tonta?" pensó Matt con irritación.

 -¡Empuja la puerta,no tiene llave!-dijo encaminándose al armario.

 -¡Está atascada!¡Tengo miedo!

 Con una mueca de suficiencia y hastío, Matt tiró del pomo. La puerta se abrió dócilmente, pero Nelly no estaba allí. En su lugar, un profundo hoyo ocupaba el suelo del armario.

 Un gemido lejano ascendió por el agujero, parecía muy profundo, se arrodilló en la abertura y aún así no lograba atisbar el fondo. Ahora era él quien sentía miedo, posiblemente su hermana tenía razón y algo dentro del armario esperaba el momento oportuno de atraparla.
 
 Nunca le había creído, ahora tenía que ayudarla. Se puso en pie, y se giró hacia la habitación, acercaría la lámpara de noche a la abertura. Seguramente encontraría a su hermana agazapada y muerta de miedo, en el suelo del pozo.

 No había dado ni un paso, cuando unas huesudas manos salieron de la abertura, diez, veinte.
 Le tapaban la boca,sujetaban sus pies y sus manos y lo arrastraban hacia el orificio.
 Intentó asirse a algo,halaba con toda la fuerza del cuerpo,luchando por que no le arrastraran a aquel abismo.

 En la lucha, la lámpara de noche cayó de lado y rodó por la mesilla. Le ganaban terreno, eran demasiado fuertes, ¡eran demasiados!

 Lo último que pudo ver antes de caer, fue el haz de luz de la lámpara de noche,casi como una linterna enfocaba la cama de su melliza. Allí, Nelly dormía plácidamente.


 Tal vez, desde el principio lo habían buscado a él.

















martes, 28 de octubre de 2014

El reflejo

Sería aquella noche, estaba convencida. Hacía días que lo veía, cada vez más cerca.
Al principio había sido tan solo un movimiento al pasar, poco a poco fue tomando forma y ahora la atormentaba a cada hora, a cada minuto.
 No tenía claro de dónde tomaba su poder, la energía suficiente para materializarse. No era de este mundo, de eso si estaba segura.
 La puerta de la habitación se cerró con fuerza, las ventanas cerradas la miraban con cara de inocencia, ni una brisa cruzaba la sala.
 Creía estar sola en la casa, pero él estaba allí, enfadado, agresivo, y cada vez más cerca, más poderoso. Podía sentirlo, estaban conectados.
 El reloj dio las doce, noche de difuntos, la hora bruja, la espera la estaba matando. Sus dedos tamborileaban en la mesa de café, de un salto se levantó del sillón y fue hacia la cocina. Necesitaba agua, un regusto amargo se había apropiado de su paladar.
 Un brillo en el gran espejo del salón captó su atención, sus ojos se posaron en él ávidos de información. ¡Atrevidos, osados e ignorantes ellos!
 Allí estaba, a través del espejo lo podía ver, ese rostro desfigurado que la atormentaba de día e irrumpía en sus pesadillas nocturnas. 
 Sus ojos eran dos cuencas vacías y la ausencia de una buena parte de su mandíbula, dejaba al descubierto la cavidad oral. La lengua, sin una pared en la que sostenerse, caía desmesuradamente grande, hacia un lado. 
 Se acercaba, lo tenía a unos tres metros y ella, como hipnotizada, seguía mirándolo a través del espejo, viendo su agonizante avance.
 Sólo cuando el ser extendió su mano para alcanzarla, reaccionó. Se giró rápidamente para hacerle cara a ese monstruo deforme, pero no había nadie.
 Un miedo mayor del que había sentido jamás la invadió, dio un paso atrás en busca de la seguridad de la pared. No la encontró, en su lugar topó con el gran espejo, que no detuvo su retroceso.
 La caída fue breve. Detrás del espejo, unas manos la asían con firmeza, mientras una lengua desmesurada rozaba su cálida mejilla.