PUBLICIDAD CABECERA movil

Mostrando entradas con la etiqueta espejo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta espejo. Mostrar todas las entradas

martes, 28 de octubre de 2014

El reflejo

Sería aquella noche, estaba convencida. Hacía días que lo veía, cada vez más cerca.
Al principio había sido tan solo un movimiento al pasar, poco a poco fue tomando forma y ahora la atormentaba a cada hora, a cada minuto.
 No tenía claro de dónde tomaba su poder, la energía suficiente para materializarse. No era de este mundo, de eso si estaba segura.
 La puerta de la habitación se cerró con fuerza, las ventanas cerradas la miraban con cara de inocencia, ni una brisa cruzaba la sala.
 Creía estar sola en la casa, pero él estaba allí, enfadado, agresivo, y cada vez más cerca, más poderoso. Podía sentirlo, estaban conectados.
 El reloj dio las doce, noche de difuntos, la hora bruja, la espera la estaba matando. Sus dedos tamborileaban en la mesa de café, de un salto se levantó del sillón y fue hacia la cocina. Necesitaba agua, un regusto amargo se había apropiado de su paladar.
 Un brillo en el gran espejo del salón captó su atención, sus ojos se posaron en él ávidos de información. ¡Atrevidos, osados e ignorantes ellos!
 Allí estaba, a través del espejo lo podía ver, ese rostro desfigurado que la atormentaba de día e irrumpía en sus pesadillas nocturnas. 
 Sus ojos eran dos cuencas vacías y la ausencia de una buena parte de su mandíbula, dejaba al descubierto la cavidad oral. La lengua, sin una pared en la que sostenerse, caía desmesuradamente grande, hacia un lado. 
 Se acercaba, lo tenía a unos tres metros y ella, como hipnotizada, seguía mirándolo a través del espejo, viendo su agonizante avance.
 Sólo cuando el ser extendió su mano para alcanzarla, reaccionó. Se giró rápidamente para hacerle cara a ese monstruo deforme, pero no había nadie.
 Un miedo mayor del que había sentido jamás la invadió, dio un paso atrás en busca de la seguridad de la pared. No la encontró, en su lugar topó con el gran espejo, que no detuvo su retroceso.
 La caída fue breve. Detrás del espejo, unas manos la asían con firmeza, mientras una lengua desmesurada rozaba su cálida mejilla.